viernes, 20 de noviembre de 2020

El intérprete que necesitábamos




Esta semana la empecé super motivado. Después de un tiempo queriendo que el tema se pudiera mover más rápido, Dios me da la oportunidad de recibir clases de alemán. Desde chiquitillo me llamó siempre la atención poderme comunicar con personas que hablan otro idioma, y en consecuencia he terminado creciendo con el deseo de aprender idiomas.

Empecé por mi cuenta hace unos meses, a principio de año tal vez. Y para dar más contexto, mi esposa me regaló una lámpara inteligente que desde hace tiempo quería para mi cumpleaños. La misma, era configurable con una app que a su vez se puede conectar al asistente de Google. Para practicar el idioma que estoy aprendiendo, lo configuré (el asistente) para que interactuara conmigo en alemán. Entonces, cada que ocupo encenderlo: "OK Google, mach das Licht an!" o al apagarla, "OK Google, mach das Licht aus!" ante la cara de confusión al inicio de mi esposa. Con eso, empecé a preguntarle datos a Google en el nuevo idioma, a veces en casa de mis papás donde las caras son las mismas, jaja.

Pero... ¿esto qué tiene que ver con nada? Pues bueno, no es diferente con la Biblia. El apóstol Pablo en 1° Corintios 1:16 lo dice con claridad "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.". Es locura , es algo incomprensible, es un sinsentido. Es esa misma cara que ponen las personas cuando leen o escuchan un idioma que no conocen.

Porque, si uno es de pensar materialista (que es la corriente filosófica que considera que sólo existe aquello que es científicamente medible y probable), ¿Cómo podría entender el Evangelio? ¿Cómo explicarse a sí mismo un Dios creador, Omnipresente, Omnisciente y Omnipotente? No tiene lógica sencillamente.

Aunque posiblemente usted que lee esto y yo, estuvimos en su momento en esa posición. Tanto como es imposible entender un idioma desconocido sin que haya un intérprete, no podemos entender la Palabra de Dios sin que haya uno. Y ¿Quién será ese intérprete? 1° Cor. 2:14 lo deja en claro: "Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.". 

No es, si no por la acción del Espíritu Santo, que obtenemos la capacidad de discernir, interiorizar y aplicar las Escrituras. Aquí es donde radica la diferencia en leer un pasaje "antes y después de Cristo". No conforme con esto, es el Espíritu mismo quien nos atrae hacia sí, es quien "convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio." (Jn. 16:8); en otras palabras, no solamente interpreta la Biblia por nosotros, sino que estando nosotros desorientados, se ofrece a ser nuestra guía.

Hoy mismo esa guía está disponible no sólo para quienes ya hemos recibido salvación, pero también para aquellos que no han escuchado de tan maravillosas noticias. La pregunta ahora es: ¿Estamos dispuestos a compartir de este intérprete? 

¡Bendiciones!

viernes, 13 de noviembre de 2020

Mejor reinar en el infierno que servir en el Cielo




¡Ay, esta frase! La primera vez que la escuché, si mal no recuerdo, fue en alguna película. No recuerdo en cuál (posiblemente en alguna comedia, es el género de la amplia mayoría de cintas que veo), pero en alguna película fue. "Prefiero reinar en el infierno, que servir en el cielo". Esta frase sale del libro de poesía "El Paraíso Perdido" de John Milton.


(Esta es la portada del libro en mención)

Pues bueno, la intencionalidad del libro es representar de una manera artística la caída del hombre en el huerto del Edén. El autor, como militante del puritanismo, no pretendía más que retomar el tema ya expuesto en los primeros tres capítulos de Génesis: Satanás tentando a Adán y Eva, destruyendo gracias al pecado esa original relación en comunión con Dios.

Hasta aquí iba todo muy bien, pero el hecho de que esta frase haya sido parte de una película es reflejo de que un tema super serio se ha trivializado a niveles sorprendentes en la sociedad. ¿Qué tan serio? Suficientemente serio para hacer a Dios encarnarse y tomar partido en el asunto.

Se trata de no más y no menos que el Infierno. Es ese tema que, por negligencia de la iglesia misma, ha pasado a ser un tema trivial. Esa negligencia se manifiesta desde el miedo a tocar ese tipo de temas porque desalientan a alguno o porque aleja a otro (que de hecho siempre se terminan alejando y difundiendo este modo de pensar), hasta la preocupación de otros por caer en el "evangelio del miedo".

Hemos permitido que la influencia de la iglesia cuando se habla al respecto sea poca o nula. Mientras oramos, enviamos misioneros, hacemos campañas de evangelismo y compartimos individualmente, el mundo por el contrario quiere invitarnos a pensar que el infierno no es tan grave como lo hace sonar siempre la iglesia, incluso hasta divertido puede ser, y para muestra un botón, la canción "Highway to Hell" de AC/DC (correctamente subtitulada, valga la aclaración). No sin mencionar tantas otras referencias a estos temas en juegos de video, salsas picantes... más de las que se pueden contar.

Y es que la Biblia es clara en cuanto a esto: El infierno representa ni más ni menos que estar fuera de la presencia de Dios. 2° Tesalonicenses 1:8b-9 dice: "para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder," (RVR60). 

Textualmente el apóstol Pablo deja en claro este punto. Muchas veces los cristianos (y yo soy el primero, aunque he ido tratado de cambiar esto) no damos ese paso extra de meditar en ciertos aspectos como este, por ejemplo: Cuando se dice fuera de la presencia del Señor, no hablamos exclusivamente del Dios Padre como podríamos pensar en piloto automático. También es el Espíritu Santo, del cual Gálatas 5:22-23 dice que "nos hace amar a los demás, estar siempre alegres y vivir en paz con todos. Nos hace ser pacientes y amables, y tratar bien a los demás, tener confianza en Dios, ser humildes, y saber controlar nuestros malos deseos." (TLA). Básicamente hablamos de que todo aquello que consideramos bueno en la vida, se va a haber esfumado para la eternidad. ¿Somos capaces realmente de imaginar una existencia sin todo ello?

Verdaderamente Dios nos ha dejado en claro que se trata de tormento eterno. Se trata de un sufrimiento donde no hay salida ni receso.

Sí, es cierto, el tema se trivializó, posiblemente muchos ya no nos hagan caso sobre el tema, pero no deja de ser (como siempre) nuestro llamado y gran comisión mostrarle al mundo un Salvador que le librará de ese lugar.

¡Bendiciones!

viernes, 6 de noviembre de 2020

La lavadora de Dios



Yo creo que es algo común y normal en todos nosotros que, en algún momento, y en especial durante la infancia, nos llame poderosamente la atención el movimiento de la ropa dentro de la lavadora. Posiblemente todo niño tiene la curiosidad de meterse en la lavadora en algún momento. Y es que cuando se cierra esa tapa y se echa a andar aquella máquina, al menos en la mente del niño, sucede magia y cosas que no se explica su pequeña mente. De ahí que quiere saber cómo se siente ese movimiento desde adentro.

No tardan en pasar los años, se llega a la vida adulta y descubrimos más o menos cómo se puede sentir la ropa. Dios mismo nos suele dar mediante el proceso una probadita de aquella centrifugadora.

Durante este año lo pude experimentar. Empezando, como cuando sólo se pone la ropa para el lavado, me sentí tranquilo y confiado. Planificando el año 2021 con base en las condiciones laborales que tenía en los primeros meses del año. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando a mediados de este tremendo 2020 fui despedido por primera vez! En ese momento, empezó el remojo. Pasé por tres turbulentos meses de desempleo, donde las entrevistas que mejor pintaban fueron a parar en nada y en una oportunidad donde para mí el panorama pintaba tremendamente oscuro, el Señor decidió mostrar Su soberanía sobre mi vida, dándome una nueva oportunidad.

No escapa ninguno (al menos que yo sepa) de experimentar situaciones como esta, a como tampoco escapó Jonás. De hecho, el remojo de Jonás fue literal. Para hacer un resumen, el profeta desobedece la palabra de Dios hacia él de ir a Nínive, lugar de terrible violencia, y decide escapar hacia Tarsis en barco. El barco empieza a zozobrar y a pedido de él mismo en Jon. 1:12 "...Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.", la gente echa a Jonás en el agua para evitar morir. 

Posiblemente Jonás, tanto como yo, sintió como todo se derrumbaba en aquel momento y simplemente no llegaba a comprender cómo llegó a ese punto. Después de pasar esa incertidumbre y angustia, se vino el momento de estar tres días con sus noches dentro de un pez, de literalmente sentir que no vería la luz una vez más, aunque siempre estuvo clara y presente en su corazón la fidelidad de Dios, incluso la oración de Jonás fue "Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo." (2:4).

Siempre tuvo el Señor un plan para la vida de Jonás, el cuál tenía que quedarle claro. Y evidencia clara tenemos, pues efectivamente una vez librado del pez, emprendió camino hacia Nínive, aquel lugar donde el se veía imposible entregar el mensaje de parte de Dios sin sufrir una muerte segura. Con lo que no contaba el profeta, es que en el lugar donde menos esperaba (y para su contrariedad), Dios mostró Su soberanía y le mostró una oleada de arrepentimiento, lo cual debió ser suficiente para Jonás.

La reflexión a la que quiero llegar es: solemos pensar que los procesos en nuestra vida son lineales. Nada más lejos de la verdad. De vez en cuando Dios nos quiere enseñar a depender de Él, a no tener control de la situación y simplemente sentirnos como la ropa en la lavadora dando vueltas y pasando por situaciones inesperadas. Sin embargo, y por esto la analogía de la lavadora es tan buena, es el propósito del Señor no vernos deteriorarnos y que salgamos del proceso mejor que como entramos. Es una excelente lección que de vez en cuando debemos recordar.

¡Bendiciones!

viernes, 30 de octubre de 2020

En realidad, no soy adicto...


Hace un tiempo escuchaba al pastor John Piper en su segmento Ask Pastor John hablar sobre la pornografía de una manera que nunca había escuchado. De hecho, el escuchar ese episodio del podcast hizo que mucha de mi visión sobre el pecado cambiara por completo. La frase que me marcó, posiblemente de por vida, fue: "hemos creído que el pecado es una enfermedad y lo atacamos como tal, cuando en realidad es simplemente un síntoma... la verdadera enfermedad es que no encontramos nuestro gozo en Cristo".

Cuánta razón. Demasiada razón. Simplemente da para pensar: ¿es realmente adicta a ese pecado la persona que dice serlo? ¿Su problema real es ese pecado, o se puede entender como algo más? ¿Es el problema esa página web con contenido indebido? ¿Es esa persona que me induce a pensamientos lejos de la voluntad de Dios? ¿Es esa sustancia que tanto disfruto lo que me afecta?

Alejarnos de esa tentación nos parece una solución razonable. Realmente pareciera que "si me alejo de las juntas que me inducen a la tentación", podría resolver mi problema de una vez por todas. Pero... ¿será que así ataco el problema desde la raíz?

Veamos: en febrero acudí a consulta con un nutricionista y además de pesar casi 92Kg, descubrí con desazón que más del 30% de mi cuerpo estaba compuesto por grasa. Un momento duro porque a nadie le gusta ver que su salud está en juego, y no se puede evitar pensar en que "¿... no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes...?" como dice 1° Cor. 6:19. En ese momento, me di cuenta que más que un templo, estaba hecho una catedral. 

Pero, ¿Cómo se llega a ese punto? Hace poco noté que en aquel tiempo, tenía esta rutina:

- Logré algo, como premio voy a comer algo.

- Estoy enojado, para bajar la ira voy a comer algo.

- Estoy muy triste, como consuelo voy a comer algo.

¿Nota cómo ese "comer algo" se puede sustituir por muchas cosas? "fumar algo", "tomar algo", "comprar algo", "ver un video de algo", "pelear por algo"... Tantas y tantas cosas que pueden ocupar el lugar que el Señor busca en nuestras vidas. En ese momento de debilidad del cuerpo y de la mente, es cuando Jesús quiere estar ahí con nosotros. Es justo ese instante de frustración, de éxtasis, de euforia, cuando Dios busca ser quien guíe nuestro accionar. 

La Palabra de Dios dice en 1° Cor. 12:9 "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.". Me parece claro que el apóstol Pablo quiere expresar que, el reconocer que existen esas debilidades, esos momentos donde esos estados de ánimo nos llevan a alejarnos de nuestra santidad, es la clave para que repose en mí el poder de Cristo, es decir, que Él mismo sea quien nos ayude a canalizar esos momentos emocionales que nos alejan espiritualmente y convierta esa ansiedad por hacer eso que tanto nos gusta pero que sabemos está mal, sea reemplazado por Su gozo.

No pretendo hacer las veces de psicólogo (porque no tengo gran conocimiento en el campo), ni mucho menos, pero sí sé que si en vez de acudir a todos estos lugares, sustancias, contenidos y demás, dejamos que nuestro corazón halle su gozo, su paz y su consuelo en el Señor, habremos atacado al problema desde su raíz, llegado a una mayor intimidad con Dios y de paso, llegado a sanar todas esas adicciones que nos causan algún tipo de dolor físico y/o espiritual y de las que hace tanto tiempo queremos salir.


¡Bendiciones!

martes, 26 de mayo de 2020

No os conforméis a este siglo

Hola, espero que este texto le encuentre súper bien y que sea de mucha bendición para quienes lo lean.

¿Sabe? Alrededor del año 57-58 d.C., el apóstol Pablo escribió (bueno, el autor material fue Tercio, pero entenderemos que la inspiración de Dios para Pablo fue lo que quedó plasmado) la carta a los cristianos en Roma, lo que hoy en día conocemos como el libro de Romanos en el Nuevo Testamento. 

Hablamos de Roma la grande, de aquella ciudad joya de la corona del que fue el imperio más grande y glorioso de su tiempo. En esta ciudad, no es difícil de imaginar la convergencia de multitud de culturas, ritos paganos y creencias que se separan como el agua del aceite del cristianismo.

Pablo, por distintas razones, no lograba visitar esta iglesia formada posiblemente por personas que se convirtieron durante los eventos de Pentecostés. Una de esas razones, por ejemplo, fue que hubo cierta contribución que hubo para la iglesia en Jerusalén y se le encargó ir allá en lugar de a Roma, como él habría deseado.

¿Cómo ver por esta iglesia entonces? Esta carta. Es un libro impresionante, en el sentido de que a lo largo de los primeros 15 capítulos, básicamente nos es descrita la doctrina de la iglesia de Cristo. El quiénes somos, el cómo debemos ser, cómo hemos de comportarnos entre nosotros y hacia las autoridades gubernamentales... no dejó ir detalle.




Entre todos los temas que toca, y cayendo en nuestra realidad, el versículo dos del capítulo doce dice: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.". En este pasaje, Pablo cuando habla de conformarnos, usa la palabra griega συσχηματίζω (que se pronunciaría algo así como susquematizó) y que significa "amoldarse a" o "tomar la forma de", y la palabra αἰῶνι (esta se diría aión) refiriéndose a "este siglo" o "esta realidad", refiriéndose claramente a la sociedad de entonces.

El mensaje es: No se parezcan a esta sociedad actual. En todo momento renueven su entendimiento (mediante la Palabra de Dios, por supuesto) de modo que podamos comprender cuál es la voluntad de Dios (les sugiero leer también este post que hice al respecto). 

Pero, ¿qué significa esto hoy? 

Significa que hoy hay mil movimientos sociales, mil ideologías y mil creencias que nos invitan a desviarnos de esa voluntad de Dios, y a pesar de que exigen, presionan, manipulan, señalan e -irónicamente- satanizan el Evangelio y a quienes creemos en él, no hemos de ceder ni un milímetro por complacer esos deseos que se alejan de lo expresado por Dios en las Escrituras. 

Podemos incluso descubrir la revelación divina a través de este pasaje, pues ha sido una tendencia histórica de la iglesia el amoldarse a ciertos movimientos con tal de ganar aceptación (ingenuamente creemos que con eso podremos alcanzar a más, cuando por el contrario cambiamos oro por espejitos) u otro tipo de estímulo que nada tiene que ver con la Gran Comisión, ni mucho menos.

Pablo, hace sus 1962 años, dejó dicho para usted hoy en día (parafraseándolo un poco): No se quiera parecer a los movimientos relativistas, no quiera ser como los movimientos marxistas, no tome la forma de los movimientos de "derechos humanos", no ajuste su creer al feminismo. Más bien esté conectado a la Biblia para que en todo momento discierna (o en palabras de Pablo, δοκιμάζω "dokimazo") cuál es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta.

¡Bendiciones!

jueves, 26 de marzo de 2020

No entraréis en pánico




Estamos en un tiempo extraordinario en la historia. Hoy en día, la supervivencia de una cantidad enorme de gente depende de que nos rijamos por las instrucciones de las autoridades. (Ojo con Romanos 13:1- 3

Como ciudadanos responsables, mi esposa y yo hemos estado en casa trabajando y recibiendo miles de memes (muy buenos la mayoría), mensajes de aliento, noticias, consejos, directrices y muchas otras cosas por redes sociales.

Entre tanto material, me llamó poderosamente la atención esta imagen (que en otro momento también me llegó como texto)


¡El profeta Isaías profetizó lo que está sucediendo hoy! Jaja, no. Es cierto, la Biblia habla de esconderse un breve tiempo, pero en otro post futuro que ya tenía en mente, quiero hablar de este tipo de interpretaciones "al vuelo".

Como dice el refrán, "un texto sin su contexto, es tan sólo un pretexto". Para poder entender este versículo, es necesario estudiar el capítulo completo. En unas versiones, el capítulo 26 del libro de Isaías se titula "Cántico de confianza en la protección de Jehová", mientras tanto que en otras se titula "Canto de victoria" o "Canto de victoria del pueblo de Dios". Ante esto, nos tenemos que desplazar rápidamente a lo largo de sus veintiún versículos:

- Del versículo 1 al 4, se lee la exaltación del pueblo mediante esta canción a quién es el Señor en quien confían de todo corazón.

- Los versículos 5 y 6 buscan dar testimonio de lo que Dios ha hecho por Israel su pueblo en tiempos anteriores.

- Del versículo 7 al 15, se trata de adoración a Dios por Su carácter y Su manera de tratar al justo y también al impío.

- Del 16 al 19, Isaías relata cómo ha sido el proceder de Israel hacia el Señor y cómo Él ha lidiado con su constante infidelidad y propensión al pecado.

Llegamos a donde queríamos. Versículo 20, que por cierto, para poder comprender apropiadamente, necesitamos leer también el 21. El último versículo del capítulo dice: "¡Estén alerta!, que el Señor va a salir de su morada para castigar la maldad de los habitantes del país. La tierra pondrá al descubierto la sangre derramada; ¡ya no ocultará a los masacrados en ella!".

Habiendo leído esto, es fácil asociarlo con el relato de Éxodo 11:4-5, sobre la muerte de los primogénitos de Egipto: "Dijo, pues, Moisés: Jehová ha dicho así: A la medianoche yo saldré por en medio de Egipto, y morirá todo primogénito en tierra de Egipto, desde el primogénito de Faraón que se sienta en su trono, hasta el primogénito de la sierva que está tras el molino, y todo primogénito de las bestias.". 

Así, podemos entender que se trata de una alabanza a Dios por la liberación que hizo a Israel en Egipto, y no un aviso sobre lo que iba a pasar en 2020. Muchas veces por falta de conocimiento se cree que la Biblia aleatoriamente predice cosas que han sucedido, suceden y sucederán, pero mejor es dedicarle su tiempo al estudio de la Palabra para no caer en esto.

Espero que estén todos muy bien, recuerden tomar todas las medidas de salubridad y principalmente, no entren en pánico: Si nos ajustamos a las medidas de aislamiento social, lavado de manos y limpieza de artículos en el hogar, muy posiblemente superaremos con éxito esta crisis. Nuestra confianza está en el Señor y debemos entender que ha provisto protección con todo el conocimiento que los expertos nos comparten.

domingo, 15 de marzo de 2020

Lidiando con el desánimo


La gente que me conoce sabe que soy ajedrecista desde la edad de aproximadamente diez años. Aprendí en la escuela, principalmente porque algunos de mis compañeros aprendieron primero y quisieron compartir el conocimiento con nosotros. Éramos un grupo de unos ocho chiquillos que no salía del aula en el recreo para quedarse jugando. Desde ahí, se convirtió en un deporte que me apasiona y que estoy disfrutando enormemente en esta etapa de mi vida. Tanto lo estoy disfrutando, que tal y como alguien me enseñó hace ya más de veinte años, ahora lo quiero trasladar hacia la siguiente generación.

En Costa Rica “nacemos con una bola debajo del brazo” (entiéndase que tenemos una marcadísima tendencia hacia el fútbol) y especialmente los varones tenemos ese sueño desde niños de levantar el trofeo de la Copa del Mundo o de la Champions League. Aquí nadie sueña desde tan temprana edad con ser campeón mundial de ajedrez o cualquier cosa semejante relacionada al deporte ciencia. Y no culpo a nadie, yo a los siete u ocho años, también me veía jugando con Saprissa.

Sabiendo todo esto, cada cierto tiempo, en los entrenamientos de ajedrez los sábados por la mañana, aparece una carita de un pequeño que llega hasta allá prácticamente arrastrado porque su papá, mamá o ambos están interesados en que la criatura desarrolle concentración, pensamiento estructurado, habilidad para resolución de problemas y lógica matemática, disciplina, control del primer impulso (todos estos beneficios del ajedrez en la niñez, sumado a muchísimos más para la edad adulta... es más, les recomiendo empezar a jugar, ja ja) o simplemente que se aleje de los dispositivos electrónicos.

De repente, el niño se ve en una sala con un profesor que hace su mejor esfuerzo para explicarle cómo se divide un tablero, cómo se mueven las piezas y otros conceptos básicos del ajedrez.

En mis seis meses haciendo esto todos los sábados por la mañana, he aprendido a leer lo que me dicen esos pequeños ojos: Algunos muestran muchísimo entusiasmo y se quieren comer el mundo del ajedrez de un bocado, pero una interesante mayoría en sus ojos con transparencia pasmosa dejan ver que desde adentro están gritando “¡no entiendo nada de esto, es demasiado aburrido, ya sáquenme de aquí por amor a Dios!”.

Y qué duro es al inicio lidiar con ese rechazo en tan alto porcentaje. Eso encima de toda la tramitología para conseguir materiales, lo complicado de lograr el crecimiento del grupo por tratarse de un deporte de poco poder de convocatoria en comparación con otros y otras circunstancias más que difíciles que rodean todo esto y lo ponen a uno a cuestionarse: “¿Verdaderamente vale la pena seguir haciendo lo que hago?”. Súmesele a todo que no se perciba ningún tipo de ganancia económica por ello.

Ese momento donde uno pone todo en una balanza es producto del desánimo. Puede que se trate de un ejemplo muy trivial en comparación con lo que otros enfrentarán, pero no será sólo a mí, ni sólo en este proyecto que me suceda. En el trabajo, en la iglesia, en el matrimonio y en muchas otras actividades de nuestras vidas todos enfrentaremos al desánimo, indistintamente del grado de dificultad de las situaciones. El tema es que, no podemos dejar que nos venza, ni por un segundo flaquear ante él.

En este tipo de momentos, gracias a Dios he tenido apoyo en mi familia y personalmente he encontrado apoyo siempre en las Escrituras.

En este caso particular, no dejo de pensar en 1° Cor. 15:58, donde Pablo comenta a la iglesia de Corinto: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.




No sé si Pablo le escribía a una iglesia que específicamente atravesaba tiempos de desánimo, pero ¡qué lección de cómo afrontarlo da en este pasaje!

Y si pensamos, como dice Colosenses 3:23, que todo lo hacemos “como para el Señor”, ¿no parece una gran estrategia para seguir en cualquier área de la vida? Es sumamente poderoso el pensar que, todo lo que hacemos como para el Señor, no será en vano.

Esto es, sin duda, mi motor para cuando veo esos ojos de desesperación por irse y no volver más, aún así dar mi 110% por que ese pequeño se lleve la mejor primera lección de ajedrez que se pueda recibir. O más aún, para el día en que sólo un alumno llegue a la clase, yo dé la mejor clase que pueda dar ese día, aunque no llegue nadie más.

Ese tiene que ser nuestro motor para que cuando sepamos que el cliente va a rechazar la propuesta, aún así le demos una propuesta digna de ser recordada.

Tiene que darnos energía para que, cuando las cosas estén difíciles en  nuestras relaciones con otros, podamos entregar nuestra mejor versión cada vez.

Y, principalmente, nos tiene que motivar a servir al Señor cuando menos creamos que vale la pena.

¡Bendiciones!

martes, 14 de enero de 2020

Tanta maldad, tanto sufrimiento... ¿y Dios?



Para empezar, me quiero situar en el escenario más trágico posible. Un niño aparentemente muriendo de inanición en alguna parte de Sudán asediado por un buitre. Es una foto que ganó un Pulitzer, pero también probablemente la imagen más cruel que se nos podría venir a la mente. Se puede cuestionar la inacción del fotógrafo ante la escena (luego, durante el discurso de aceptación del Pulitzer, el mismo fotógrafo Kevin Carter, afirmó: "Aún me arrepiento de no haber ayudado."). 

Continuando con la triste realidad del mundo, anoche tuve la oportunidad de ver un reportaje sobre la madre que incendió el cuarto en que dormían sus hijos. Los peritos afirman que el cuarto llegó a los 1200° C, mientras que los vecinos afirman haber escuchado a los niños llamar desesperados a su mamá para que los rescatara. No sucedió, ella se quedó en la casa y salió sólo hasta estar segura de que sus hijos ya habían muerto.

Sin alargarme mucho más, existen también en el mundo regímenes déspotas que ven con indiferencia a sus pueblos morir de hambre, por guerras innecesarias o por otras razones meramente ideológicas/políticas.

Es en este punto donde la pregunta de múltiples no creyentes es más que válida: "Si es que hay un Dios, ¿cómo puede permitir que cosas tan terribles pasen?" o bien, "Si Dios es amor, ¿por qué olvida a todas esas personas y los deja sufrir de esta manera?". La teodicea (para citar algo de filosofía) plantea que, si Dios existe, es Todopoderoso y totalmente bondadoso, debería acabar con todos los males; en vista de que no lo hace, se presentan tres posibilidades: o bien no es Todopoderoso, o simplemente es un sádico, o llanamente no existe.

Y bien, ante todos estos razonamientos que satisfacen cualquier lógica, quiero hacer eco de la voz del único al que no se le ha permitido hablar al respecto: A Dios mismo. Existe una respuesta clara a esto y su nombre es soberanía.

Soberanía es una palabra que nos gusta cuando se nos aplica a nosotros o al país donde vivimos. Nos gusta saber que podemos hacer lo que nos plazca, hacer nuestra voluntad. El problema pareciera que aparece cuando, por alguna extraña razón, no se nos permite privar de ella a Dios. En Isaías 46:10 NVI, Él mismo nos lo deja muy en claro: "Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo.". El Señor ha dejado en claro que se hará su voluntad.

"¿O sea que la gente sufre porque a Dios le da la gana? ¡Estás dándole la razón a la teodicea!". 

No es el punto al que voy. El punto es, que nosotros queremos definir qué es bueno y qué es malo. Y no conformes con eso, decidimos qué es más malo y qué es menos malo, asignándole al Padre únicamente el rol de castigar lo que a nosotros nos parece malo. Así las cosas, esperaríamos de Dios que mande un relámpago a partir en dos al violador de niños que salió en las noticias, pero a mí que pagué en efectivo para no pagar un impuesto que me parece abusivo o ilegal, no me corresponde castigo, porque en realidad de cierto modo lo que hice no es tan malo (lo cual podría llegar incluso a ser cierto si se elimina por completo del mapa el plano espiritual, bastaría notar que el castigo para ambas acciones es muy diferente).

Aquí es donde entra a jugar la soberanía. La soberanía de Dios. Esta es una de las razones por las cuales nos dejó Su Palabra. Aunque la Biblia no es específicamente un manual de "Do's and Don'ts", es muy claro que Él ha separado el bien del mal y la justicia de la injusticia, todo basado en Su soberano criterio.

El apóstol Pablo, escribe en Romanos 3:23 (RV1960): "...Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios...", dejando en claro que por nuestra condición de pecadores, todos estamos alejados del Señor. Y valga la pena aclarar que, aunque cada mala acción tenga consecuencias diferentes en la Tierra, a los ojos del Padre no existe la escala de grises que nos gusta establecer para nuestra comodidad.

Estando en esta condición, cuando esperamos de Dios que elimine todo el sufrimiento y todo el mal, estamos en resumidas cuentas pidiendo nuestra propia extinción, sería como pedirle "esta noche, mientras esté durmiendo, máteme, acabe conmigo". Inclusive, según Romanos 6:23, "la paga del pecado es muerte", todo encajaría.

¿Por qué no lo hace? Sería la pregunta lógica para continuar esta cadena de razonamientos. La respuesta, con todo lo trillada que pueda sonar, es misericordia. Misericordia significa no dar a alguien el castigo que merece. Lo dice Romanos 5:8 (RV1960): "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.". 

No lo merecíamos, éramos dignos de la muerte (tal y como la podríamos desear para todos esos malvados que hacen sufrir a los demás), pero como dice el versículo que posiblemente sea el más conocido de la Biblia, Juan 3:16 (RV1960) "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.". No le ha bastado a Dios con no darnos el castigo que merecemos, sino que ha extendido su mano para ofrecernos lo que no merecemos, a través del sacrificio que Él mismo hizo por nosotros.

En resumen, no es el deseo de Dios que suframos o que haya maldad. De hecho ha profetizado el fin de todo ese mal, pero antes ha decidido por amor a la humanidad darnos el chance de reconciliarnos ante Él. Ahora la pregunta es ¿estamos dispuestos a aceptar esta oportunidad?

¡Bendiciones!

jueves, 9 de enero de 2020

No aplican restricciones




Creo que puedo decir tranquilamente que a todos nos gusta la idea de ganar premios. Y cuando participamos por uno, siempre está aquella frase de "aplican restricciones" en alguna parte. Ese par de palabras implica que hay una serie de condiciones a las que nos debemos ajustarnos.




Me viene a la mente un premio en especial: El día en que un amigo se ganó un carro en una promoción de Taco Bell y un periódico universitario. La primera ronda del concurso trataba de lograr la mayor cantidad posible de votos para una frase del tipo que ponen en las salsas. La frase era justamente "No aplican restricciones". Logró la suficiente cantidad de votos y en el sorteo final, salió favorecido con un carro nuevo de paquete. Siempre me acuerdo del momento en que me llamó justo después de ganar. Ni él ni yo nos la creíamos.




En aquel concurso, también existía esa cláusula: *Aplican restricciones. Existía un margen de excepción para las reglas. Posiblemente del estilo "no pueden participar colaboradores o familiares de colaboradores" de alguno de los organizadores del concurso.




Con Dios, tal y como estableció mi amigo Oscar, no aplican restricciones. No hay una letra pequeña precedida de un asterisco.




Muchos hoy en día buscan ese asterisco en alguna parte para facilitar su vida o justificarse basado en algún factor externo.




Uno de los ejemplos más claros es Éxodo 20:12 "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.", a lo cual he escuchado todo tipo de excepciones en años recientes: "Mi papá nunca estuvo para mí", "Mi papá no fue una persona que merezca ser honrada", entre varios otros. Dios da una promesa a quien honre a su padre y madre sin importar quién o cómo hayan sido, no hay letra pequeña en esto.




Otro ejemplo muy de nuestra época es el matrimonio, las estadísticas dicen que en Costa Rica, para el año 2016, 45 de cada 100 matrimonios terminaba en divorcio. Las razones son bastante repetitivas: "ya no lo/la amaba", íntima, infidelidad (que quieren justificar con las dos anteriores), la situación económica, entre otras. Jesús fue muy claro en que "lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre". Incluso autorizó el divorcio si y sólo si hubiera transgresión de la pareja primero, pero también aclaró que ese tipo de licencias se hicieron "por vuestra dureza de corazón". No hay espacio para letra pequeña por aquí.




Finalmente, recordamos La Regla de Oro en Mateo 5. Aquel concepto tan común en los lugares de trabajo de "la milla extra" sale de este pasaje bíblico: Los soldados romanos al volver de la guerra, tenían la potestad de exigir que se les cargase la mochila por una milla, lo cual particularmente para los judíos representaba tremenda humillación. Jesús, con autoridad de palabra, dijo: "a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.". Hoy en día, nos cuesta tanto hacer el bien a los demás, ¡y mucho más a aquellos que no nos agradan!. El Señor dijo: "Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos." (v44-45a). No aplican restricciones tampoco.




¡Bendiciones y espero que lo leído aquí le sea edificante!





sábado, 4 de enero de 2020

No todo lo que brilla es oro, pero el oro siempre brilla

¡Feliz año nuevo! Espero que Dios nos regale un excelente 2020, lleno de toda clase de bendiciones.


Oro. Palabra cortísima, pero llama la atención donde quiera que esté (muy posiblemente al leer la palabra, usted pudo visualizar inmediatamente algún objeto hecho de oro). Metal precioso sumamente valioso. Suele representar lujo, excelencia y/o poder. El mejor conductor de electricidad. En su estado puro, es inoxidable. Según me mencionaba un compañero de trabajo hace algunos años, el dólar es simplemente una representación numérica de poseer una cantidad "equis" de oro. El oro incluso generó la migración de alrededor de 100,000 personas a finales del siglo XIX hacia la región de Yukon en Canadá para la explotación del río Klondike. Todos buscaban ganar fortuna a través del oro.



Reflexionando sobre la fe, podemos deducir que es similar a lo que se habla sobre el oro. Me quedó muy claro recientemente.



En estos días leía el evangelio de Lucas, capítulo 7. Al inicio de este capítulo, se relata la historia del siervo del centurión. Los ancianos (la palabra en griego es πρεσβύτερος, "presbúteros", de lo cual no sólo entendemos que son personas de cierta edad, sino también de cierto grado de respeto dentro de la congregación) judíos buscan a Jesús dándole la noticia de que el siervo de un centurión (militar romano a cargo de una centuria, es decir, cien soldados) está grave y deberían ayudarle, puesto que este centurión "ama a nuestra nación y nos edificó una sinagoga.".



Puedo haber leído esta historia montones de veces sin la atención de esta ocasión en particular. Básicamente estos ancianos tomaron el ir a asistir al centurión como un asunto de diplomacia más allá del tema humanitario. Le debían ciertos favores políticos y era conveniente que siguiera amando a Israel por montones de razones.



Jesús, por su parte, era distinto.



Él accedió a ayudarle al centurión, pero ahora entiendo que poco o nada tuvo que ver el "amor por Israel" o la sinagoga construída. Cristo, como Dios mismo que es, fue quien creó el corazón del romano. Lo conocía desde el vientre de su madre. Sabía exactamente con qué iba a topar.



Dos amigos del centurión vienen al encuentro del Señor y le mandan un recado por parte del centurión: "Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo; por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.". La respuesta de Jesús fue: "Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.". 



Esa era la razón. El Señor estaba revelando en el acto un concepto importante: El centurión realmente amaba a Israel y ayudaba tanto como podía como producto de su fe. El centurión entendía su lugar y el lugar de Dios.



El apóstol Pablo lo explicó a detalle alrededor de 30 años después, cuando le escribe a los Efesios: "por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; ...  somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." (Extracto de Efesios 2:8,10).



La conclusión es que tanto en la época del ministerio de Jesús, como en la de Pablo, como en la actual, no se trata de que hacemos buenas obras y se nos cuentan como fe o ser hijos de Dios gracias a ello, sino todo lo contrario: Gracias a la fe y a la salvación que Dios nos ha regalado, sentimos el impulso a obrar el bien hacia nuestro prójimo.



El centurión bien pudo hacer sinagogas y fingir amar a los israelitas como cálculo político siendo en sus adentros indiferente hacia ellos como muchos otros, cumpliendo aquello de que "no todo lo que brilla es oro". Sin embargo, su fe genuina, como el oro puro, brilló mediante sus buenas obras.