Hace un tiempo escuchaba al pastor John Piper en su segmento Ask Pastor John hablar sobre la pornografía de una manera que nunca había escuchado. De hecho, el escuchar ese episodio del podcast hizo que mucha de mi visión sobre el pecado cambiara por completo. La frase que me marcó, posiblemente de por vida, fue: "hemos creído que el pecado es una enfermedad y lo atacamos como tal, cuando en realidad es simplemente un síntoma... la verdadera enfermedad es que no encontramos nuestro gozo en Cristo".
Cuánta razón. Demasiada razón. Simplemente da para pensar: ¿es realmente adicta a ese pecado la persona que dice serlo? ¿Su problema real es ese pecado, o se puede entender como algo más? ¿Es el problema esa página web con contenido indebido? ¿Es esa persona que me induce a pensamientos lejos de la voluntad de Dios? ¿Es esa sustancia que tanto disfruto lo que me afecta?
Alejarnos de esa tentación nos parece una solución razonable. Realmente pareciera que "si me alejo de las juntas que me inducen a la tentación", podría resolver mi problema de una vez por todas. Pero... ¿será que así ataco el problema desde la raíz?
Veamos: en febrero acudí a consulta con un nutricionista y además de pesar casi 92Kg, descubrí con desazón que más del 30% de mi cuerpo estaba compuesto por grasa. Un momento duro porque a nadie le gusta ver que su salud está en juego, y no se puede evitar pensar en que "¿... no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes...?" como dice 1° Cor. 6:19. En ese momento, me di cuenta que más que un templo, estaba hecho una catedral.
Pero, ¿Cómo se llega a ese punto? Hace poco noté que en aquel tiempo, tenía esta rutina:
- Logré algo, como premio voy a comer algo.
- Estoy enojado, para bajar la ira voy a comer algo.
- Estoy muy triste, como consuelo voy a comer algo.
¿Nota cómo ese "comer algo" se puede sustituir por muchas cosas? "fumar algo", "tomar algo", "comprar algo", "ver un video de algo", "pelear por algo"... Tantas y tantas cosas que pueden ocupar el lugar que el Señor busca en nuestras vidas. En ese momento de debilidad del cuerpo y de la mente, es cuando Jesús quiere estar ahí con nosotros. Es justo ese instante de frustración, de éxtasis, de euforia, cuando Dios busca ser quien guíe nuestro accionar.
La Palabra de Dios dice en 1° Cor. 12:9 "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.". Me parece claro que el apóstol Pablo quiere expresar que, el reconocer que existen esas debilidades, esos momentos donde esos estados de ánimo nos llevan a alejarnos de nuestra santidad, es la clave para que repose en mí el poder de Cristo, es decir, que Él mismo sea quien nos ayude a canalizar esos momentos emocionales que nos alejan espiritualmente y convierta esa ansiedad por hacer eso que tanto nos gusta pero que sabemos está mal, sea reemplazado por Su gozo.
No pretendo hacer las veces de psicólogo (porque no tengo gran conocimiento en el campo), ni mucho menos, pero sí sé que si en vez de acudir a todos estos lugares, sustancias, contenidos y demás, dejamos que nuestro corazón halle su gozo, su paz y su consuelo en el Señor, habremos atacado al problema desde su raíz, llegado a una mayor intimidad con Dios y de paso, llegado a sanar todas esas adicciones que nos causan algún tipo de dolor físico y/o espiritual y de las que hace tanto tiempo queremos salir.
¡Bendiciones!
