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viernes, 20 de noviembre de 2020
El intérprete que necesitábamos
viernes, 13 de noviembre de 2020
Mejor reinar en el infierno que servir en el Cielo
viernes, 6 de noviembre de 2020
La lavadora de Dios
Yo creo que es algo común y normal en todos nosotros que, en algún momento, y en especial durante la infancia, nos llame poderosamente la atención el movimiento de la ropa dentro de la lavadora. Posiblemente todo niño tiene la curiosidad de meterse en la lavadora en algún momento. Y es que cuando se cierra esa tapa y se echa a andar aquella máquina, al menos en la mente del niño, sucede magia y cosas que no se explica su pequeña mente. De ahí que quiere saber cómo se siente ese movimiento desde adentro.
No tardan en pasar los años, se llega a la vida adulta y descubrimos más o menos cómo se puede sentir la ropa. Dios mismo nos suele dar mediante el proceso una probadita de aquella centrifugadora.
Durante este año lo pude experimentar. Empezando, como cuando sólo se pone la ropa para el lavado, me sentí tranquilo y confiado. Planificando el año 2021 con base en las condiciones laborales que tenía en los primeros meses del año. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando a mediados de este tremendo 2020 fui despedido por primera vez! En ese momento, empezó el remojo. Pasé por tres turbulentos meses de desempleo, donde las entrevistas que mejor pintaban fueron a parar en nada y en una oportunidad donde para mí el panorama pintaba tremendamente oscuro, el Señor decidió mostrar Su soberanía sobre mi vida, dándome una nueva oportunidad.
No escapa ninguno (al menos que yo sepa) de experimentar situaciones como esta, a como tampoco escapó Jonás. De hecho, el remojo de Jonás fue literal. Para hacer un resumen, el profeta desobedece la palabra de Dios hacia él de ir a Nínive, lugar de terrible violencia, y decide escapar hacia Tarsis en barco. El barco empieza a zozobrar y a pedido de él mismo en Jon. 1:12 "...Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.", la gente echa a Jonás en el agua para evitar morir.
Posiblemente Jonás, tanto como yo, sintió como todo se derrumbaba en aquel momento y simplemente no llegaba a comprender cómo llegó a ese punto. Después de pasar esa incertidumbre y angustia, se vino el momento de estar tres días con sus noches dentro de un pez, de literalmente sentir que no vería la luz una vez más, aunque siempre estuvo clara y presente en su corazón la fidelidad de Dios, incluso la oración de Jonás fue "Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo." (2:4).
Siempre tuvo el Señor un plan para la vida de Jonás, el cuál tenía que quedarle claro. Y evidencia clara tenemos, pues efectivamente una vez librado del pez, emprendió camino hacia Nínive, aquel lugar donde el se veía imposible entregar el mensaje de parte de Dios sin sufrir una muerte segura. Con lo que no contaba el profeta, es que en el lugar donde menos esperaba (y para su contrariedad), Dios mostró Su soberanía y le mostró una oleada de arrepentimiento, lo cual debió ser suficiente para Jonás.
La reflexión a la que quiero llegar es: solemos pensar que los procesos en nuestra vida son lineales. Nada más lejos de la verdad. De vez en cuando Dios nos quiere enseñar a depender de Él, a no tener control de la situación y simplemente sentirnos como la ropa en la lavadora dando vueltas y pasando por situaciones inesperadas. Sin embargo, y por esto la analogía de la lavadora es tan buena, es el propósito del Señor no vernos deteriorarnos y que salgamos del proceso mejor que como entramos. Es una excelente lección que de vez en cuando debemos recordar.
¡Bendiciones!
viernes, 30 de octubre de 2020
En realidad, no soy adicto...
Hace un tiempo escuchaba al pastor John Piper en su segmento Ask Pastor John hablar sobre la pornografía de una manera que nunca había escuchado. De hecho, el escuchar ese episodio del podcast hizo que mucha de mi visión sobre el pecado cambiara por completo. La frase que me marcó, posiblemente de por vida, fue: "hemos creído que el pecado es una enfermedad y lo atacamos como tal, cuando en realidad es simplemente un síntoma... la verdadera enfermedad es que no encontramos nuestro gozo en Cristo".
Cuánta razón. Demasiada razón. Simplemente da para pensar: ¿es realmente adicta a ese pecado la persona que dice serlo? ¿Su problema real es ese pecado, o se puede entender como algo más? ¿Es el problema esa página web con contenido indebido? ¿Es esa persona que me induce a pensamientos lejos de la voluntad de Dios? ¿Es esa sustancia que tanto disfruto lo que me afecta?
Alejarnos de esa tentación nos parece una solución razonable. Realmente pareciera que "si me alejo de las juntas que me inducen a la tentación", podría resolver mi problema de una vez por todas. Pero... ¿será que así ataco el problema desde la raíz?
Veamos: en febrero acudí a consulta con un nutricionista y además de pesar casi 92Kg, descubrí con desazón que más del 30% de mi cuerpo estaba compuesto por grasa. Un momento duro porque a nadie le gusta ver que su salud está en juego, y no se puede evitar pensar en que "¿... no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes...?" como dice 1° Cor. 6:19. En ese momento, me di cuenta que más que un templo, estaba hecho una catedral.
Pero, ¿Cómo se llega a ese punto? Hace poco noté que en aquel tiempo, tenía esta rutina:
- Logré algo, como premio voy a comer algo.
- Estoy enojado, para bajar la ira voy a comer algo.
- Estoy muy triste, como consuelo voy a comer algo.
¿Nota cómo ese "comer algo" se puede sustituir por muchas cosas? "fumar algo", "tomar algo", "comprar algo", "ver un video de algo", "pelear por algo"... Tantas y tantas cosas que pueden ocupar el lugar que el Señor busca en nuestras vidas. En ese momento de debilidad del cuerpo y de la mente, es cuando Jesús quiere estar ahí con nosotros. Es justo ese instante de frustración, de éxtasis, de euforia, cuando Dios busca ser quien guíe nuestro accionar.
La Palabra de Dios dice en 1° Cor. 12:9 "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.". Me parece claro que el apóstol Pablo quiere expresar que, el reconocer que existen esas debilidades, esos momentos donde esos estados de ánimo nos llevan a alejarnos de nuestra santidad, es la clave para que repose en mí el poder de Cristo, es decir, que Él mismo sea quien nos ayude a canalizar esos momentos emocionales que nos alejan espiritualmente y convierta esa ansiedad por hacer eso que tanto nos gusta pero que sabemos está mal, sea reemplazado por Su gozo.
No pretendo hacer las veces de psicólogo (porque no tengo gran conocimiento en el campo), ni mucho menos, pero sí sé que si en vez de acudir a todos estos lugares, sustancias, contenidos y demás, dejamos que nuestro corazón halle su gozo, su paz y su consuelo en el Señor, habremos atacado al problema desde su raíz, llegado a una mayor intimidad con Dios y de paso, llegado a sanar todas esas adicciones que nos causan algún tipo de dolor físico y/o espiritual y de las que hace tanto tiempo queremos salir.
¡Bendiciones!






