Yo creo que es algo común y normal en todos nosotros que, en algún momento, y en especial durante la infancia, nos llame poderosamente la atención el movimiento de la ropa dentro de la lavadora. Posiblemente todo niño tiene la curiosidad de meterse en la lavadora en algún momento. Y es que cuando se cierra esa tapa y se echa a andar aquella máquina, al menos en la mente del niño, sucede magia y cosas que no se explica su pequeña mente. De ahí que quiere saber cómo se siente ese movimiento desde adentro.
No tardan en pasar los años, se llega a la vida adulta y descubrimos más o menos cómo se puede sentir la ropa. Dios mismo nos suele dar mediante el proceso una probadita de aquella centrifugadora.
Durante este año lo pude experimentar. Empezando, como cuando sólo se pone la ropa para el lavado, me sentí tranquilo y confiado. Planificando el año 2021 con base en las condiciones laborales que tenía en los primeros meses del año. ¡Cuál sería mi sorpresa cuando a mediados de este tremendo 2020 fui despedido por primera vez! En ese momento, empezó el remojo. Pasé por tres turbulentos meses de desempleo, donde las entrevistas que mejor pintaban fueron a parar en nada y en una oportunidad donde para mí el panorama pintaba tremendamente oscuro, el Señor decidió mostrar Su soberanía sobre mi vida, dándome una nueva oportunidad.
No escapa ninguno (al menos que yo sepa) de experimentar situaciones como esta, a como tampoco escapó Jonás. De hecho, el remojo de Jonás fue literal. Para hacer un resumen, el profeta desobedece la palabra de Dios hacia él de ir a Nínive, lugar de terrible violencia, y decide escapar hacia Tarsis en barco. El barco empieza a zozobrar y a pedido de él mismo en Jon. 1:12 "...Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros.", la gente echa a Jonás en el agua para evitar morir.
Posiblemente Jonás, tanto como yo, sintió como todo se derrumbaba en aquel momento y simplemente no llegaba a comprender cómo llegó a ese punto. Después de pasar esa incertidumbre y angustia, se vino el momento de estar tres días con sus noches dentro de un pez, de literalmente sentir que no vería la luz una vez más, aunque siempre estuvo clara y presente en su corazón la fidelidad de Dios, incluso la oración de Jonás fue "Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo." (2:4).
Siempre tuvo el Señor un plan para la vida de Jonás, el cuál tenía que quedarle claro. Y evidencia clara tenemos, pues efectivamente una vez librado del pez, emprendió camino hacia Nínive, aquel lugar donde el se veía imposible entregar el mensaje de parte de Dios sin sufrir una muerte segura. Con lo que no contaba el profeta, es que en el lugar donde menos esperaba (y para su contrariedad), Dios mostró Su soberanía y le mostró una oleada de arrepentimiento, lo cual debió ser suficiente para Jonás.
La reflexión a la que quiero llegar es: solemos pensar que los procesos en nuestra vida son lineales. Nada más lejos de la verdad. De vez en cuando Dios nos quiere enseñar a depender de Él, a no tener control de la situación y simplemente sentirnos como la ropa en la lavadora dando vueltas y pasando por situaciones inesperadas. Sin embargo, y por esto la analogía de la lavadora es tan buena, es el propósito del Señor no vernos deteriorarnos y que salgamos del proceso mejor que como entramos. Es una excelente lección que de vez en cuando debemos recordar.
¡Bendiciones!

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