lunes, 23 de diciembre de 2019
La Navidad Paqueteada
A usted seguro alguna vez también le pasó. Se compró esas tenis o aquella ropa "Abidas" o "Naik", o compró aquel otro artículo que el vendedor le dijo que "es lo mismo, pero más barato, con los otros lo que uno paga es por la marca". Y ya que estamos en época, ¿cuántas veces no nos hicieron la boca agua con aquel tamal que en realidad era horrible?
Pasa, y pasa mucho en nuestro tiempo, que a pesar de que vivimos en la época de la información y creemos que no es fácil que nos metan gato por liebre (como el árbol amarillo de la imagen, por ejemplo), nos engañan o a veces incluso nos dejamos engañar, porque nos suena bonito lo que nos dice esa voz de un familiar, de un amigo, de una persona influyente, de una canción, o de un comercial de televisión.
Desde siempre ha habido mentiras alrededor de la Navidad. De pequeño, mis papás siempre me dijeron que “El Niñito Dios” traía los regalos durante las noches de diciembre (y tenían la costumbre - que de seguro adoptaré para con mis hijos - de hacer un in crescendo con mis emociones y las de Mariana, de ir poniendo uno por uno para que se notara el aumento) y el veinticinco al despertar, esa emoción e ilusión que nos iban construyendo encontraba su clímax.
Hoy, ese tipo de mentiras nos las repiten, pero no con el mismo bondadoso fin. Hablar de que la Navidad se trata de recibir regalos ya pasó, también el discurso de que es época de dar encontró su fecha de caducidad. Ahora dejamos el materialismo y Navidad “es época de familia, de compartir con los nuestros” y de otras cuantas cosas que suenan más bonitas. Las empresas donde trabajamos se llenan de mensajes de “felices fiestas” (y recálquese esta frase en específico), actividades con motivos rojos y verdes, y en televisión vemos mensajes de amor y solidaridad.
Algo que no mencioné sobre esa época en mi infancia fue una fatídica noche de diciembre de 1998. Mis papás tenían un Nissan Stanza 1987 de color blanco. Ese carro tenía una cajuela que se podía ver desde adentro al volcar uno de los asientos. Recuerdo que Patricia, la amiga de toda la vida de mi madre estaba de visita y se fue de compras con mis papás, nos dejaron a los más pequeños en el carro por razones que ahora me parecen obvias. Al volver de esas compras, yo que estaba dentro del carro, descoloqué un poco el asiento trasero y lo vi. Ahí estaban. Los regalos de Navidad. ¡NO ERA EL NIÑITO EL QUE LOS TRAÍA! Mi mamá en un acto veloz, para sacarme del shock, me hizo la seña de que me quedara callado con aquellos ojos de "en la casa hablamos". Efectivamente en la casa me llamó aparte y me explicó el verdadero funcionamiento de la vida ja, ja. Posiblemente para no arruinarle la ilusión a mi hermanita.
Así como me pasó hace algunos años, es buen momento para “abrir la cajuela” y descubrir la realidad detrás de tantas mentiras. Navidad existe por la exacta razón de recordar el nacimiento de Cristo Jesús. El amor, la familia, el compartir y demás son cuestiones periféricas, efectivamente buenas y parte de lo que Jesús mismo enseñó, pero no son el centro de esta época. Incluso el mundo hace el esfuerzo porque lo olvidemos con esas frases de “felices fiestas” y similares, que buscan ningunear el nombre de Jesús, excluirlo de las conversaciones que tenemos. Incluso, durante el período de tiempo que me tomó escribir esto, una diputada el día de ayer hizo énfasis en esto vía Twitter sobre la importancia de no decir "Feliz Navidad". Es la realidad en la que vivimos.
La razón principal a mi parecer, es esa cultura de la “corrección política” donde el nombre de Jesús no tiene cabida porque afirman que puede ofender a alguien. Esto tiene muchísima lógica si pensamos en las palabras del Señor en Mateo 10.22: "Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.". Hace 2000 años él lo tenía suficientemente claro y nos motiva a que hoy lo mantengamos presente entre nosotros, máxime en época donde conmemoramos su deseo de salvarnos.
Espero que puedan pasar una excelente (no paqueteada) Navidad, principalmente recordando a aquel pequeñito que nació destinado a ser el sacrificio humano que habría de expiar todos nuestros pecados. ¡Feliz (verdadera) Navidad!
Para complementar, dejo por acá esta canción: La Anunciación, de Marcos Witt
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

No hay comentarios.:
Publicar un comentario